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jueves, 14 de enero de 2010

El primer animal que «funciona» como una planta


(Imagen: PNAS)

La capacidad de realizar la fotosíntesis estaba hasta ahora reservada a las plantas y las algas, pero los científicos han encontrado el primer animal que la practica y «funciona» como si fuera un vegetal. Se trata de una súper babosa de mar de un llamativo color verde, la Elysia chlorotica, que vive en la costa este de EE.UU. y Canadá, y que ha sido estudiada por científicos de la Universidad de South Florida en Tampa.

La babosa era conocida por «robar» los genes de las algas que come, las Vaucheria litorea. De esta forma, obtenía los cloroplastos -unas estructuras de color verde propias de las células vegetales que permiten a las plantas convertir la luz solar en energía-, y los almacenaba en las células que cubren su intestino. Pero ahora parece que ha desarrollado toda una vía de químicos para la fabricación de su propio pigmento de clorofila, sin necesidad de robárselo a las algas.
La clorofila es un pigmento que captura energía de la luz del sol en la fotosíntesis. Los investigadores utilizaron un sofisticado equipo radioactivo para comprobar que las babosas producían la clorofila por sí mismas y que ésta no estaba originada por las algas que comían. En la babosa, los cloroplastos se extraen y se esconden dentro de las propias células del animal, donde permanecen activas alrededor de un año. Una vez que una babosa joven se ha alimentado de las algas, nunca tendrá que volver a comer si tiene acceso a la luz y los suministros de clorofila y de otros productos químicos que se producen en la fotosíntesis.
Los investigadores han encontrado babosas que no han comido nada en al menos cinco meses. El descubrimiento será publicado en la revista Symbiosis.

jueves, 22 de mayo de 2008

CIENTÍFICOS CANADIENSES DESCUBREN LA "RANAMANDRA"

La 'Gerobatrachus hottoni' tiene características propias de las ranas y las salamandras

Un anfibio que nadaba en lagos y capturaba libélulas con la lengua al mismo tiempo que con sus pequeñas patas se movía de forma ágil por la tierra hace millones de años. Este espécimen podría aparcar una de las mayores controversias en la evolución de los vertebrados: el origen común de ranas y salamandras. "La disputa se debía a la falta de un espécimen que mostrara la transición. Este fósil llena ese hueco", afirma Jason Anderson, profesor de la Universidad de Veterinaria de Calgary y director del estudio.


Científicos de esta universidad canadiense han descubierto un fósil de 290 millones de años que une a las ranas y a las salamandras y podría resolver un largo debate sobre la evolución de los anfibios. La forma en la que las ranas y las salamandras actuales han llegado a su forma actual aún no está clara ya que hay huecos en los registros de los fósiles que muestran la transformación de una forma a otra.

El fósil de la Gerobatrachus hottoni o la tatarabuela de la rana, que aparece recogido en la revista Nature, podría ayudar a aclarar la línea entre los anfibios actuales. "Falta un eslabón entre los fósiles de los animales extinguidos y sus formas actuales", ha afirmado Jason Anderson, de la Universidad de Calgary, que ha dirigido el estudio. "Esta es una perfecta ranamandra", ha afirmado.


"Una mezcla perfecta"

La Gerobatrachus muestra una mezcla entre las características de ranas y salamandras, con los huesos de los tobillos soldados como las salamandras, un cráneo grande como el de las ranas y una columna vertebral que es una mezcla de las dos. Por eso Anderson afirma que este descubrimiento confirma que estos anfibios modernos se han dividido en dos grupos a partir de un antepasado común, conocido como el temnospondyl.

Esta especie fue descubierta en Texas en 1995 por un grupo de la Smithonian Institution y debe su nombre a uno de los miembros del grupo, Nicholas Otón ya que traducido significa rana antigua de Hotton. Desde entonces permanecía sin estudiar hasta que fue redescubierto por el equipo de Anderson que se encargó de eliminar cuidadosamente las capas de roca que lo cubrían y descubrir la anatomía del fósil.

martes, 20 de mayo de 2008

UN LABORATORIO 'RESUCITA' GENES DE UNA ESPECIE EXTINGUIDA HACE 70 AÑOS

Fragmentos de ADN del tigre de Tasmania funcionan en ratones - Los investigadores creen que en el futuro será posible revivir dinosaurios

EMILIO DE BENITO - Madrid
EL PAIS

En un laboratorio de Australia hay un ratón con cartílagos de tigre de Tasmania. El animal ha sido creado por científicos de la Universidad de Melbourne, y es el primer ser vivo que contiene genes de una especie que se extinguió hace más de 70 años. El tilacino o tigre de Tasmania (Thylacinus cynocephalus) era un marsupial carnívoro que no pudo soportar la presión humana ni la competencia de otras especies introducidas en su hábitat australiano. El último ejemplar murió en el zoológico de Hobart (Tasmania) en 1936. Pero varias muestras -entre ellas fetos obtenidos en 1866 tras el sacrificio de una hembra- fueron conservadas en alcohol. A partir de ahí se sacado el ADN, y, en colaboración con el profesor de genética molecular de la Universidad de Tejas, Richard Behringer, se han introducido en los embriones de ratón.



Los científicos australianos han recuperado el material genético que controla la creación de cartílagos (el gen Col2a1). Luego, inyectaron estos genes en el núcleo de las células de embriones de ratón de nueve días, y dejaron que se desarrollara. El resultado es un híbrido, con todos los genes de ratón y uno del tigre de Tasmania. El experimento ha sido publicado en la revista digital PLOS.

Uno de los científicos, Andrew Pask, ha dicho que el trabajo es sólo el primer paso. Si en vez de resucitar sólo un gen se hace lo mismo con un conjunto de ellos, se podrían acercar a especies desaparecidas, como mamuts, dinosaurios e incluso el hombre de neandertal, de los que hay abundancia de material genético bien conservado. "No me cabe ninguna duda de que se podrá traer de nuevo a la vida una criatura completa del pasado", ha declarado. El investigador apunta a otras posibilidades, como crear quimeras de animales ya desaparecidos con otros existentes. Por ejemplo, un ratón con alas de pterodáctilo, ha dicho Pask.

Pero aparte de estos guiños a la ciencia ficción, los investigadores creen que el trabajo puede tener aplicaciones en la ciencia actual. Podrían descubrirse propiedades de genes que la evolución ha eliminado, pero que tengan utilidad terapéutica para tratar enfermedades o mejorar especies.

Sin embargo, estos avances y la posibilidad de ir marcha atrás en el tiempo no son una garantía que permita abandonar la protección de los animales en peligro de extinción. "Absolutamente, no. La desaparición de especies es una tremenda preocupación científica, sobre todo en Australia, donde tenemos el peor récord al respecto", ha dicho otra de las investigadoras, Marilyn Renfree.


La posibilidad de recuperar ADN de especies extinguidas lleva a pensar en la película Parque Jurásico y en la resurrección de dinosaurios. Algo muy lejano, pero que con cada avance científico parece menos irreal. El responsable del Banco de Germoplasma y Tejidos de Especies Silvestres del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), Eduardo Roldán, no evita la ironía cuando se le nombra. "La ciencia en que se basaba Parque Jurásico estaba muy bien pensada. Otra cosa es que se encuentre material genético bien conservado", matiza.

El trabajo hecho con el tigre de Tasmania "es una vuelta de tuerca más que demuestra que el ADN se conserva mejor de lo que pensábamos", dice Roldán. Él ha trabajado con híbridos de gata y lince para intentar salvar esta última especie, y afirma que hay científicos de Japón y Estados Unidos que han recuperado esperma de ratones congelados hace 10 o 15 años. Ello da un nuevo valor a las colecciones de los museos de ciencias naturales, que ahora se usan sobre todo "para establecer relaciones filogenéticas" (árboles genealógicos) de las especies.

La creación de híbridos no es ciencia-ficción. "Es el enfoque experimental que se usa hoy con el ARN mensajero [una copia del ADN del núcleo] de mamíferos, que se introduce en anfibios y se consigue que se expresen las proteínas. Éstas llegan a la membrana e incluso se recomponen los receptores celulares", explica. Así que siempre "queda la duda de que se pueda ir más allá. En ciencia no se debe decir que algo es imposible, porque luego el tiempo te puede hacer quedar en ridículo", sentencia.